Formación Erasmus +: Más allá del bilingüismo: aulas en tiempos de inteligencia artificial y multilingüismo
En los últimos años, el debate sobre el bilingüismo ha cambiado radicalmente. Ya no se trata solo de qué modelo funciona mejor, sino de cómo enseñar lenguas en un mundo donde traducir, escribir o comunicarse en otro idioma está a un clic de distancia. En este escenario se enmarca esta actividad formativa, desarrollada dentro del proyecto Erasmus+ 2025-1-ES01-KA121-SCHA9621446 (KA121-SCH) gestionado por el CFIE de Burgos.
La participación de Anna Malizewska ha aportado una mirada especialmente valiosa: cercana a la realidad del aula, pero con una perspectiva internacional que permite salir de los enfoques más tradicionales. Su propuesta no parte de rechazar la tecnología, sino de entenderla y aprovecharla con sentido pedagógico.
Además, el grupo participante, formado por docentes de distintas etapas y contextos, convirtió la formación en algo más que un curso. Fue un espacio de contraste real: distintas formas de enseñar, distintos retos… pero una preocupación común por adaptar la enseñanza de lenguas a lo que el alumnado necesita hoy.
Descripción de la experiencia
Las sesiones tuvieron lugar los días 23 y 24 de marzo de 2026, en el CFIE de Burgos y se plantearon desde el primer momento con un enfoque práctico. Nada de quedarse en la teoría: la idea era probar, equivocarse, ajustar y volver a probar.
Uno de los puntos que más interés generó fue el replanteamiento del propio concepto de bilingüismo. Si el alumnado puede traducir cualquier texto en segundos, ¿qué sentido tiene seguir enseñando como antes? A partir de ahí, la formación giró hacia una idea clave: lo importante no es solo saber lengua, sino saber usarla con intención, criterio y autonomía.
A lo largo de las sesiones se trabajaron tres líneas muy claras:
1. El papel de la traducción automática en el aprendizaje de lenguas
Uno de los puntos que más debate generó fue el uso de los traductores automáticos, planteado claramente como un reto en el aula. Se analizó cómo su uso frecuente puede limitar el desarrollo real de la competencia lingüística del alumnado, favoreciendo respuestas rápidas pero poco reflexivas. A partir de ahí, se reflexionó sobre el papel del docente y cómo evitar que se conviertan en una dependencia que sustituya el proceso de aprendizaje.
2. Entender el bilingüismo desde la base: cómo se construye realmente
Se puso el foco en cómo se adquieren las lenguas desde edades tempranas, cuestionando enfoques demasiado centrados en lo formal. Se trabajó la importancia de generar contextos reales de comunicación, de priorizar la comprensión y la interacción, y de entender el bilingüismo como un proceso progresivo, natural y conectado con la experiencia del alumnado.
3. Propuestas didácticas más coherentes con el uso real de la lengua
A partir de todo lo anterior, se plantearon formas de diseñar actividades más significativas, alejadas de tareas mecánicas. Se reflexionó sobre cómo proponer situaciones donde el alumnado tenga que usar la lengua con un propósito claro, favoreciendo la expresión, la interacción y el desarrollo de una competencia comunicativa auténtica.
Aprendizajes y competencias desarrolladas:
Más allá de los contenidos trabajados durante las sesiones, la formación ha tenido un impacto claro en la manera de entender la enseñanza de lenguas dentro de un contexto educativo cada vez más diverso y conectado.
Por un lado, ha contribuido a reforzar la competencia lingüística del profesorado, facilitando enfoques que favorecen una participación más activa en proyectos europeos como Erasmus+. En este sentido, el aprendizaje de lenguas se entiende no solo como un objetivo en sí mismo, sino como una herramienta para la colaboración, la movilidad y la apertura a nuevos contextos educativos.
Al mismo tiempo, la actividad ha puesto el foco en la inclusión real en el aula. A través del trabajo con metodologías activas, se han compartido estrategias que permiten atender a la diversidad del alumnado, ajustando las propuestas a diferentes niveles, ritmos y necesidades, y favoreciendo una participación más equitativa.
Otro de los aspectos clave ha sido el impulso de la competencia digital docente. Se ha reflexionado sobre el uso de herramientas tecnológicas desde un enfoque pedagógico, entendiendo cómo pueden apoyar la práctica educativa y enriquecer los procesos de enseñanza-aprendizaje.
Además, la formación ha reforzado una dimensión especialmente relevante: el sentimiento de pertenencia a Europa. A través de la participación en iniciativas europeas y la reflexión sobre el patrimonio cultural compartido, se ha promovido una mirada más amplia del aprendizaje de lenguas, vinculada a la identidad, la cultura y la ciudadanía.
En conjunto, la actividad no solo ha aportado recursos concretos, sino que ha ayudado a situar la enseñanza de lenguas dentro de un marco más inclusivo, conectado y con proyección europea.
Valoración personal
Lo más valioso de esta formación ha sido parar y repensar qué entendemos realmente por bilingüismo de calidad. Más allá de metodologías o modelos concretos, la idea que queda es clara: no se trata de “dar contenidos en otro idioma”, sino de generar situaciones donde la lengua tenga sentido y funcione como herramienta real de comunicación.
Ha resultado especialmente interesante reflexionar sobre la importancia de empezar bien desde las primeras etapas, cuidando cómo se introduce la lengua, cómo se acompaña al alumnado y qué tipo de experiencias se le ofrecen. Muchas veces el problema no está en el modelo, sino en cómo se lleva al aula.
Es una formación que invita a cuestionarse prácticas muy asentadas y a volver a lo esencial: que el alumnado comprenda, se exprese y participe. En ese sentido, es altamente recomendable para cualquier docente que quiera ir un paso más allá y construir un enfoque más coherente, realista y eficaz del bilingüismo.
Impacto en el centro y próximos pasos
El principal objetivo ahora es trasladar lo trabajado a la práctica diaria del aula. Para ello, se comenzará compartiendo las ideas clave y las propuestas metodológicas con el resto del claustro, favoreciendo un espacio de reflexión conjunta sobre cómo mejorar el enfoque bilingüe en el centro.
Se prevé avanzar hacia un modelo más coherente y equilibrado, donde la lengua extranjera no sea solo un vehículo de contenidos, sino una herramienta real de comunicación, adaptada al nivel del alumnado y con un sentido claro dentro de cada situación de aprendizaje.
Además, se impulsará la revisión de las prácticas actuales para asegurar que responden a un enfoque de bilingüismo de calidad, poniendo especial atención en la progresión lingüística del alumnado y en la creación de contextos comunicativos significativos.
Por último, se buscará dar continuidad a las líneas de trabajo iniciadas durante la formación, manteniendo el contacto con otras experiencias y propuestas europeas que permitan seguir enriqueciendo la práctica docente y avanzar hacia modelos educativos más conectados y realistas.
Conclusión
Más que una formación al uso, esta experiencia ha servido para detenerse y mirar con calma algo que muchas veces damos por hecho: cómo estamos enseñando lenguas y hacia dónde queremos ir.
La sensación que queda es clara. No se trata de añadir más cosas, ni de incorporar metodologías por inercia, sino de hacer mejor lo que realmente importa: que el alumnado comprenda, se exprese y participe de manera auténtica en la lengua. Y para eso, el enfoque, las decisiones metodológicas y la coherencia en el día a día son clave.
Uno de los aprendizajes más valiosos ha sido precisamente ese: entender que el bilingüismo de calidad no depende tanto del modelo elegido como de cómo se concreta en el aula. De nada sirve hablar de enfoques innovadores si luego las propuestas no generan comunicación real o no se ajustan al nivel del alumnado. En cambio, pequeñas decisiones bien pensadas pueden transformar completamente la experiencia de aprendizaje.
Además, la formación ha permitido salir de la propia práctica y mirarla con cierta distancia. Escuchar otras experiencias, contrastar enfoques y compartir inquietudes ha generado un espacio muy enriquecedor, donde no solo se han recogido ideas, sino que también se han cuestionado algunas inercias muy asentadas.
En este sentido, el valor de la dimensión europea va más allá de lo formal. No es solo un marco, sino una oportunidad real para abrir la mirada, conectar con otras formas de entender la educación y construir redes profesionales que den continuidad a lo aprendido.
De hecho, la actividad ha contribuido de forma clara al desarrollo de los objetivos del plan Erasmus+ del CFIE de Burgos. Se ha reforzado la mirada europea del profesorado, se han compartido enfoques que favorecen la inclusión y la atención a la diversidad, y se ha avanzado en la mejora de la competencia lingüística como herramienta clave para la participación en proyectos internacionales. Todo ello, además, desde una perspectiva muy conectada con la práctica real del aula.
A partir de aquí, el reto es claro: llevar todo esto al aula con sentido, sin prisas pero sin pausa. No se trata de cambiarlo todo de golpe, sino de ir incorporando mejoras que hagan que la lengua tenga cada vez más presencia real, más intención y más coherencia dentro del proceso de aprendizaje.
Porque, al final, el verdadero impacto de una formación no está en lo que se escucha durante unos días, sino en lo que permanece después. En esas pequeñas decisiones que se quedan, que se prueban, que se ajustan… y que, poco a poco, acaban transformando la forma de enseñar y de aprender.
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