Jornada final de diseminación del proyecto Erasmus+ ALZ-Q: cultura, memoria e inclusión frente al Alzheimer

El miércoles 3 de junio tuvo lugar en el CFIE de Burgos la jornada final de diseminación del proyecto Erasmus+ ALZ-Q, una actividad de cuatro horas en la que se puso de manifiesto el valor de la cooperación europea, la formación permanente y la innovación social al servicio de una causa profundamente humana: mejorar la acogida, la participación y el bienestar de las personas con Alzheimer, especialmente en espacios culturales, educativos y patrimoniales. 

La jornada permitió compartir los principales aprendizajes del proyecto, visibilizar las actuaciones desarrolladas en distintos países europeos y ofrecer a los asistentes una experiencia formativa muy completa, combinando conferencias, talleres experienciales, buenas prácticas, diálogo social y dinámicas de sensibilización. Fue, en definitiva, una tarde para aprender, sentir, comprender y reflexionar sobre el papel que la educación, la cultura y las instituciones pueden desempeñar en la construcción de entornos más inclusivos. 

Preparación de la jornada

Apertura institucional: el valor de la cooperación europea

La jornada comenzó con la apertura institucional, en la que participaron Don José Antonio Antón Quirce, director provincial de Educación de Burgos, y Don Javier González Jiménez, ATD de Formación del Profesorado, Innovación e Internacionalización de la Consejería de Educación. 

Ambas intervenciones sirvieron para enmarcar el proyecto ALZ-Q dentro de una línea de trabajo esencial: la importancia de los programas Erasmus+ como motor de transformación educativa, social y cultural. Desde las instituciones se destacó el valor de participar en proyectos europeos que permiten conectar realidades de distintos países, compartir buenas prácticas y avanzar hacia modelos más inclusivos, accesibles y comprometidos con las necesidades reales de la ciudadanía. 

Apertura institucional. Don José Antonio Antón Quirce y Don Javier González Jiménez.

La apertura fue breve, pero muy significativa, ya que ayudó a situar la jornada no solo como un acto final de proyecto, sino como una oportunidad para demostrar cómo la internacionalización puede tener un impacto directo en el territorio. ALZ-Q no se presentó únicamente como una experiencia europea, sino como una herramienta concreta para mejorar la vida de las personas, sensibilizar a la sociedad y fortalecer el papel de los centros de formación, las instituciones culturales y las entidades sociales. 

Conferencia inaugural: comprender el proyecto y comprender el Alzheimer

A continuación, tuvo lugar la conferencia inaugural, organizada en dos partes complementarias. 

En primer lugar, Doña Elvira Mercado del Val, profesora de la Universidad de Burgos, presentó el proyecto ALZ-Q a los asistentes. Su intervención permitió conocer con mayor profundidad el sentido del proyecto, sus objetivos, las actuaciones desarrolladas en los distintos países participantes, las buenas prácticas generadas, los procesos de evaluación y las principales conclusiones alcanzadas. 

Primera parte de la ponencia. Doña Elvira Mercado del Val.

Además, se destacó la dimensión internacional del proyecto, ya que las actuaciones desarrolladas en diferentes países han permitido comparar realidades, compartir metodologías, adaptar propuestas y construir un conocimiento común. Esta mirada europea resulta fundamental, porque permite entender que los retos asociados al Alzheimer no pertenecen a un único territorio, sino que forman parte de una realidad compartida que requiere respuestas colaborativas, creativas y humanas. 

En la segunda parte de la conferencia intervino Doña Paula González Silva, técnica de CEAFA, que viajó desde Navarra para completar la mirada académica y europea del proyecto con una perspectiva social, asociativa y profundamente cercana a la realidad de las personas afectadas y sus familias. 

Su charla ofreció datos muy relevantes sobre el Alzheimer en la actualidad, su alcance, su impacto social y familiar, y la necesidad de seguir avanzando en sensibilización, acompañamiento, investigación y apoyo institucional. A través de estadísticas, ejemplos y explicaciones muy claras, Paula González Silva ayudó a los asistentes a tomar conciencia de la magnitud de esta enfermedad y de la importancia de que la sociedad en su conjunto se implique. 

Segunda parte de la conferencia. Doña Paula González Silva, técnica de CEAFA.

También presentó el papel de CEAFA y de las asociaciones de familiares como agentes fundamentales en la atención, orientación y defensa de los derechos de las personas con Alzheimer. Su intervención permitió entender que detrás de cada diagnóstico hay una persona, una familia, una historia de vida y una red de cuidados que necesita ser sostenida. 

La combinación de ambas ponencias fue especialmente enriquecedora: por un lado, la visión del proyecto Erasmus+ desde la Universidad de Burgos; por otro, la realidad social y asociativa aportada por CEAFA. Dos perspectivas distintas, pero profundamente conectadas, que ayudaron a dar sentido a toda la jornada. 

Talleres experienciales y buenas prácticas: aprender haciendo, sentir para comprender

Uno de los momentos más especiales de la jornada fue el desarrollo de dos talleres simultáneos, dinamizados por dos monitoras procedentes de Barros, Cantabria. Los asistentes pudieron elegir durante una hora a cuál de los dos talleres asistir, ambos diseñados desde una perspectiva práctica, sensorial y participativa. 

El primero de los talleres consistió en la elaboración de sobaos. Lejos de ser una simple actividad gastronómica, se planteó como una experiencia de trabajo colaborativo, memoria sensorial y conexión con la tradición. Los asistentes, organizados en grupos, contaban con los ingredientes preparados: huevos, mantequilla, harina e impulsor. A partir de ahí, fueron siguiendo el proceso completo de elaboración de la masa, mezclando los ingredientes, preparando las porciones y llevándolas después al horno. 

Taller de elaboración de sobaos.

La actividad contó incluso con tres hornos, lo que permitió vivir el proceso de manera real, desde el primer paso hasta el resultado final. El olor de la masa, la textura de los ingredientes, la coordinación entre los participantes y la satisfacción de probar después los sobaos recién elaborados convirtieron el taller en una experiencia sencilla, pero muy poderosa. 

Este tipo de propuestas conecta directamente con la filosofía del proyecto ALZ-Q, ya que muestra cómo las actividades cotidianas, culturales y tradicionales pueden convertirse en oportunidades para estimular la memoria, favorecer la participación y generar bienestar emocional. Cocinar juntos, recordar sabores, manipular ingredientes y compartir el resultado final son acciones que pueden tener un enorme valor en contextos de acompañamiento a personas con Alzheimer. 

El segundo taller fue el denominado restaurante de los sentidos. El aula se transformó en un espacio que simulaba un restaurante, donde los asistentes se sentaban en torno a distintas mesas para vivir una experiencia sensorial diferente. No se trataba de comer, sino de degustar con los sentidos. 

A través de olores, sabores, sonidos, texturas y estímulos cuidadosamente preparados, los participantes pudieron experimentar cómo los sentidos pueden activar recuerdos, emociones y sensaciones. La propuesta invitaba a detenerse, observar, tocar, escuchar, oler y sentir de una manera más consciente. 

Taller restaurante de los sentidos.

Este taller resultó especialmente enriquecedor porque permitió comprender que la memoria no se activa únicamente a través de las palabras. Muchas veces, un olor, una textura, una música o una sensación pueden abrir caminos emocionales muy profundos. En el ámbito del Alzheimer, esta idea adquiere una enorme relevancia, ya que las experiencias sensoriales pueden facilitar la conexión, la comunicación y el bienestar incluso cuando el lenguaje o la memoria verbal comienzan a verse afectados. 

Ambos talleres fueron una muestra clara de cómo las buenas prácticas pueden ser sencillas, transferibles y profundamente humanas. ALZ-Q demuestra que la inclusión no siempre requiere grandes recursos, sino sensibilidad, formación, creatividad y una mirada centrada en la persona. 

Mesa redonda: voces, experiencias y compromiso ante el Alzheimer

Tras los talleres experienciales, la jornada continuó con una mesa redonda dinamizada por Don Jorge Martínez Pérez, asesor TIC del CFIE de Burgos. En ella participaron Doña Paula González Silva, técnica de CEAFA; Doña Elvira Mercado del Val, profesora de la Universidad de Burgos; Doña Rosa García Ibeas, familiar de una persona con Alzheimer; y Don Ildefonso Fernández Fernández, persona afectada por Alzheimer. 

La mesa redonda fue uno de los momentos más emotivos y significativos de la jornada, porque permitió abordar el Alzheimer desde diferentes miradas: la mirada institucional y asociativa, la mirada académica y experta del proyecto, la mirada familiar y, sobre todo, la mirada en primera persona de quien convive con la enfermedad. 

A través de distintas preguntas, Jorge Martínez Pérez fue guiando una conversación serena, cercana y muy necesaria. Se habló de qué está ocurriendo actualmente con el Alzheimer, de cómo se vive el diagnóstico, de qué necesidades tienen las personas afectadas y sus familias, y de qué papel puede desempeñar la sociedad para ofrecer más apoyo, más comprensión y más acompañamiento. 

Cada participante aportó una mirada complementaria y muy valiosa. Doña Paula González Silva ofreció la perspectiva de CEAFA y del movimiento asociativo; Doña Rosa García Ibeas compartió la visión cercana y profundamente humana de una familiar cuidadora; Don Ildefonso Fernández Fernández aportó el testimonio en primera persona como afectado de Alzheimer; y Doña Elvira Mercado del Val planteó su visión desde el propio proyecto ALZ-Q, como experta vinculada a su desarrollo, evaluación y transferencia. 

Su intervención permitió conectar las experiencias compartidas durante la jornada con los objetivos europeos del proyecto, destacando la importancia de formar a profesionales, adaptar espacios culturales y patrimoniales, y generar entornos más accesibles, seguros y significativos para las personas con Alzheimer y sus familias. Desde su conocimiento del proyecto, Elvira ayudó a situar la mesa redonda dentro de una mirada más amplia: la de una cooperación internacional que no se queda en la teoría, sino que busca transformar prácticas reales y generar impacto social. 

Mesa redonda.

Las intervenciones pusieron en valor el trabajo de las asociaciones, que muchas veces se convierten en un punto de apoyo imprescindible para las familias. También se destacó la necesidad de seguir impulsando la investigación, aumentar los recursos disponibles y fortalecer el compromiso de las administraciones públicas para responder a una realidad que afecta cada vez a más personas. 

Uno de los aspectos más valiosos de la mesa fue la posibilidad de escuchar cómo se percibe el Alzheimer desde roles distintos. La perspectiva profesional permitió contextualizar la enfermedad y sus implicaciones sociales; la perspectiva familiar mostró el impacto cotidiano del cuidado, el desgaste emocional y la importancia de sentirse acompañado; y la voz de la persona afectada recordó a todos los asistentes que, detrás del diagnóstico, sigue habiendo identidad, deseos, emociones, proyectos y dignidad. 

La mesa redonda también sirvió para lanzar un mensaje claro: el Alzheimer no puede quedar reducido al ámbito sanitario o familiar. Es un reto social que requiere comunidades más informadas, espacios más accesibles, instituciones más comprometidas y una ciudadanía más sensible. En este sentido, el proyecto ALZ-Q cobra todo su sentido, al promover espacios culturales y educativos capaces de acoger mejor, comprender mejor y acompañar mejor. 

Fue una conversación muy bonita, honesta y necesaria, que conectó conocimiento, emoción y compromiso social. 

Taller con perro de apoyo: despertar emociones a través del vínculo animal

La última parte de la jornada estuvo formada por dos talleres breves, de quince minutos cada uno, por los que fueron pasando todos los asistentes. Esta organización permitió que todas las personas pudieran vivir ambas experiencias. 

Uno de estos talleres fue dinamizado por Doña Covadonga Melchor, que acudió acompañada de un perro labrador. Durante la sesión, los asistentes pudieron observar el excelente comportamiento del animal y conocer cómo este tipo de intervenciones pueden ayudar a personas con Alzheimer a despertar emociones, generar calma, facilitar la interacción y favorecer momentos de conexión.

El perro se convirtió en el centro de una experiencia cargada de ternura y significado. Los participantes pudieron acariciarlo, peinarlo, darle de comer e interactuar con él de manera directa. A través de gestos sencillos, se pudo comprobar cómo la presencia de un animal puede favorecer la comunicación no verbal, estimular recuerdos, provocar sonrisas y generar un ambiente de confianza. 

Este taller ayudó a entender que, en el acompañamiento a personas con Alzheimer, no todo pasa por la palabra. El contacto, la mirada, la presencia tranquila de un animal y la posibilidad de cuidar también pueden convertirse en vías de comunicación muy valiosas. Para muchas personas, los animales despiertan memorias afectivas, rutinas pasadas, sensaciones de compañía y emociones positivas. 

La experiencia permitió reflexionar sobre el enorme potencial de las intervenciones asistidas con animales como recurso complementario en contextos educativos, sociales y terapéuticos. Más allá de la actividad concreta, el taller transmitió una idea fundamental: cuando se cuida el entorno emocional, se abren nuevas posibilidades de relación. 

Taller experiencial: ponerse en la piel de una persona con Alzheimer

El otro taller breve fue dinamizado por Doña Olga Ortega y tuvo un enfoque claramente experiencial. Su objetivo era que los asistentes pudieran aproximarse, aunque fuera por unos minutos, a algunas de las dificultades que puede experimentar una persona con Alzheimer. 

A través de preguntas, juegos y pequeñas dinámicas, los participantes vivieron situaciones relacionadas con la memoria, el lenguaje, la atención y la dificultad para encontrar determinadas palabras. La actividad permitió experimentar esa sensación de querer decir algo y no poder, de buscar una palabra que no aparece, de necesitar más tiempo para responder o de sentir cierta inseguridad ante una tarea aparentemente sencilla. 

Este taller resultó muy potente porque no explicó el Alzheimer desde fuera, sino que invitó a sentirlo desde dentro. Evidentemente, una dinámica breve no puede reproducir la complejidad de la enfermedad, pero sí puede ayudar a generar empatía, comprensión y sensibilidad. 

Los asistentes pudieron tomar conciencia de lo importante que es ofrecer tiempo, paciencia, calma y respeto. Cuando una persona tarda más en responder, se bloquea o necesita apoyo, la reacción del entorno puede marcar una enorme diferencia. Por eso, este tipo de experiencias formativas son tan valiosas: porque ayudan a transformar la mirada. 

La dinámica de Olga Ortega conectó muy bien con el sentido global de la jornada. ALZ-Q no busca únicamente transmitir información, sino promover una forma distinta de relacionarnos con las personas con Alzheimer: una relación más respetuosa, más pausada, más inclusiva y más consciente de sus necesidades. 

Cierre institucional: una jornada para recordar y seguir avanzando

La jornada finalizó con el cierre institucional a cargo de don Jonathan Huelmo García, director del CFIE de Burgos, quien ofreció unas palabras finales para recoger el sentido de todo lo vivido durante la tarde. 

Su intervención sirvió para agradecer la participación de ponentes, entidades, profesionales y asistentes, pero también para subrayar la importancia de seguir dando continuidad a este tipo de proyectos. La jornada no fue únicamente el cierre de una actividad Erasmus+, sino también una invitación a continuar trabajando en red, a transferir lo aprendido y a seguir construyendo espacios educativos y culturales más humanos. 

El proyecto ALZ-Q ha permitido demostrar que la internacionalización puede tener un impacto real cuando se conecta con necesidades sociales concretas. A través de la cooperación europea, la formación, la investigación, la cultura y la sensibilización, se han generado aprendizajes que pueden mejorar la manera en que las instituciones acogen y acompañan a las personas con Alzheimer. 

La jornada del 3 de junio dejó muchas imágenes significativas: personas compartiendo una conversación honesta sobre el Alzheimer, asistentes elaborando sobaos en grupo, un aula convertida en restaurante de los sentidos, un perro despertando emociones, dinámicas que ayudaban a comprender la pérdida de memoria y una comunidad educativa reunida para reflexionar sobre inclusión, cuidado y dignidad. 

ALZ-Q nos recuerda que la memoria también se cuida desde la cultura, desde la educación, desde los sentidos y desde los vínculos. Y, sobre todo, nos recuerda que una sociedad más inclusiva se construye cuando aprendemos a mirar al otro con más tiempo, más respeto y más humanidad.

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